Llegamos a esto de la producción publicitaria en agosto de 2008.
Han pasado casi veinte años.

Y en todo este tiempo hemos visto muchas cosas.

Hemos visto una radio que se gestionaba como lo que era: un medio de comunicación con autoridad. Con peso. Con responsabilidad. Una radio donde la información se cuidaba al detalle. Donde se hablaba de objetividad, aunque siempre bajo el prisma de una línea editorial.

Una radio en la que la programación importaba. Mucho.
Casi tanto —o más— como la de las grandes cadenas de televisión.

Recuerdo especialmente nuestra etapa trabajando la imagen corporativa de Radio Televisión Castilla y León. La persona encargada entonces tenía algo muy claro: cada promo importaba.

Daba igual si se trataba de un partido de deporte base o de la entrevista a un diputado.
Había que transmitir con la voz lo que ese medio representaba.
Había una intención. Un criterio. Una identidad.

Luego pasaron los años y llegaron nuevas formas de comunicar.

Nuevos canales. Nuevos hábitos. Nuevas audiencias y el relevo generacional no terminó de llegar.

Y en muchos casos, el miedo ocupó su lugar.

Decisiones precipitadas.
Cambios motivados más por los resultados económicos que por una visión clara.
Movimientos desde el nerviosismo.

Especialmente en la radio generalista.

En la radio musical, el problema tomó otra forma.
Se cedió gran parte del criterio a consultoras, alejando a las emisoras de la realidad que tienen delante.

Hoy vemos cómo lo que conecta en plataformas como TikTok apenas tiene reflejo en las principales cadenas del país.

La música sigue siendo clave, sí. Pero quien la prescribe lo es todavía más.

Y cuando esa figura desaparece o pierde peso, lo que queda no es una radio.
Es una playlist.

Y eso se nota.

Si bajamos al terreno local, la situación no mejora demasiado.
Con pocas excepciones, cuesta encontrar emisoras que trabajen desde una cultura propia, coherente y reconocible.

Canales que antes tenían una identidad clara cambian de rumbo sin demasiada lógica.
De lo urbano al rock. De un extremo a otro.

Siempre reaccionando. Rara vez construyendo y pensando en el largo plazo.

Y fue en ese contexto donde empezamos a desarrollar proyectos como Oh! My Hits.

Radio hecha con criterio.
Con cariño.
Pensando en quien está al otro lado.

Porque, a pesar de todo, la radio sigue viva.

Sigue teniendo algo que ningún otro medio ha conseguido replicar del todo: la capacidad de acompañar.

La diferencia es que ahora ya no basta con emitir.
Hay que trabajarla, cuidarla.
Entender las nuevas formas de comunicar… sin demonizarlas.

La radio no necesita reinventarse cada año.
Necesita recuperar algo mucho más importante:

Tener claro quién es y cómo quiere sonar.

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