El sonido también construye marca
Hay vídeos que entran por los ojos desde el primer segundo. Por norma general nos preocupamos de que todo sea vea «cute», «aesthetic», incluso nos empezamos a preocupar por la iluminación.
Sin embargo, basta con cerrar los ojos durante unos segundos para descubrir que, en demasiadas ocasiones, todo ese trabajo visual convive con un sonido que simplemente está ahí, acompañando a las imágenes, pero sin participar realmente de ellas.
En TrackPro nos encontramos constantemente con proyectos visualmente muy trabajados cuyo sonido no está a la misma altura. Y no hablamos necesariamente de vídeos que suenen mal. De hecho, ese es precisamente uno de los problemas: muchas veces no suenan mal, pero tampoco suenan a nada.
Una música colocada debajo de una locución, unos cuantos efectos descargados de una librería y una música random pueden conseguir que técnicamente exista sonido, pero existe una enorme distancia entre poner sonido a un vídeo y construir el sonido de un vídeo.
Cuando hablamos de identidad de marca pensamos rápidamente en colores, tipografías, logotipos, fotografía, estilo de escritura o lenguaje visual, mientras que rara vez prestamos la misma atención a aquello que ocurre cuando esa marca comienza a sonar.
Y, sin embargo, una voz también comunica posicionamiento. Un determinado estilo musical puede hacernos percibir una empresa como tecnológica, cercana, elegante o desenfadada. Un efecto sonoro en el momento adecuado puede reforzar una transición visual, un ambiente puede situarnos inmediatamente en un espacio y un silencio colocado con mucha intención puede tener muchísima fuerza.
El sonido no debería llegar al final del proceso para rellenar aquello que la imagen ha dejado libre. Debería formar parte de la narrativa.
Esto resulta especialmente importante en una época en la que las marcas producen una cantidad enorme de contenido audiovisual. Spots, vídeos corporativos, campañas para redes sociales, branded content, piezas de producto, tutoriales o contenidos internos comparten muchas veces una misma identidad visual, pero no necesariamente una identidad sonora reconocible.
Y ahí existe una oportunidad enorme.
Cuando todo está… pero falta algo
Hay una sensación que muchos editores conocen perfectamente. El vídeo está terminado, el montaje funciona, la música encaja y aparentemente todos los elementos están en su sitio, pero al reproducirlo sigue faltando algo difícil de identificar.
Muchas veces ese algo está en el sonido.
Puede ser una locución demasiado separada del resto de elementos, una música que permanece estática durante toda la pieza, efectos utilizados simplemente porque existe una transición en pantalla o ambientes inexistentes que hacen que determinadas imágenes resulten extrañas.
El sonido no tiene que competir con la imagen
Una buena postproducción de sonido no pretende demostrar cuánto trabajo hay detrás. Al contrario. Cuando funciona realmente bien, probablemente el espectador ni siquiera piense en ella.
La voz se entiende y ocupa su espacio sin necesidad de imponerse. La música acompaña la evolución narrativa y no permanece como una alfombra inmutable. Los efectos refuerzan determinados momentos sin reclamar constantemente nuestra atención. Los ambientes aportan profundidad y continuidad. Los silencios permiten respirar. Y finalmente la mezcla consigue que todos esos elementos dejen de competir entre ellos y comiencen a trabajar juntos.
Eso también es identidad de marca.
De la misma manera que nadie elegiría una tipografía al azar para una campaña importante, quizá tampoco deberíamos escoger una voz, una música o una colección de efectos únicamente porque estaban disponibles en una librería.
No necesitas convertirte en técnico de sonido
Si eres editor de vídeo, realizador o creador de contenido audiovisual, no necesitas aprender postproducción de sonido hasta convertirte en especialista. Del mismo modo que un técnico de sonido no tiene por qué dominar el etalonaje, la animación 3D o la dirección de fotografía.
Lo importante es desarrollar el criterio suficiente para reconocer cuándo el proyecto puede llegar más lejos.
Hay trabajos en los que una buena edición de audio dentro del propio programa de montaje será más que suficiente. Pero también existen piezas en las que la voz, la música, los efectos, los ambientes y la mezcla forman una parte tan importante del mensaje que merece la pena detenerse y trabajar el sonido con la misma intención con la que se ha trabajado cada plano.
En TrackPro llevamos años viendo cómo un proyecto cambia cuando deja de tener simplemente una banda de audio y empieza a tener una narrativa sonora.
Porque podemos dedicar horas a conseguir que una marca tenga una imagen impecable.
Pero cuando pulsamos play, esa marca también suena.
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